walking art / land walk / walkscape
Somos una sociedad sin piernas, o que vive como si no las tuviera; pero en cambio, nuestra humanidad se gestó caminado bajo el Sol y las Estrellas, fluyendo como un río. Si queremos aprehender la Natura o aprender de la naturaleza hay que caminar, nos tenemos que adentrar en ella más allá de las palabras, los libros y las imágenes. Es la experiencia profunda de ser peregrino en la Tierra. Cuando se camina se pisa, se toca la tierra; es la experiencia vital de estar envuelto por esta creación misteriosa que es el Universo. Caminar es una celebración de la Tierra y de la Vida, es tomar conciencia del regalo de nuestro propio respirar. Caminar es sentirse de manera anacrónica. Es la utilidad y la eficacia real. Es estar preparado para adaptarse, para descubrir y gestionar el entorno de forma constante. Los paisajes requieren de la predisposición del observador, de la inteligencia vital de vivir lo que se está haciendo. Caminar es la evidencia del mundo. Es el hilo del los movimientos de la vida cotidiana como un acto natural y transparente. Caminar es abrirse al mundo y este hecho invita a la humildad y a alcanzar el instante. Restablece una distancia adecuada con el mundo, una disponibilidad en el instante y nos da una forma activa de meditación. Exige la sensorialidad plena y es la ruptura necesaria para volver a recuperar el aliento. Caminar, a menudo, es desviarse para parecerse más a uno mismo. El caminante sólo ve lo que ya existe en él; es la disponibilidad para abrir los ojos y acceder a otras capas de lo real. Sin receptividad interior, sin una transparencia al espacio y al lugar, no nos sucede nada. El tono es siempre la reciprocidad, abre caminos a los sentidos y si el caminante no tiene esta voluntad, no verá nada. El ritmo de la lentitud es el ritmo del vivir, del caminar, de la mirada que avanza y se acumula en el caminante por simple amor al viento y a la tierra de los viejos caminos. Caminar es vivir el instante, es una alianza con el espacio y su duración. Introduce una sensación continua de uno mismo y del mundo. Caminar es un método tranquilo de reencantar la duración y el espacio, transforma los momentos ordinarios, los inventa con nuevas formas. La vivencia generada por esta experiencia vital permite la multiplicidad de enfoques, generando mapas cosmológicos en y de nuestro interior. Caminar es un acto de resistencia, que da prioridad a la lentitud, a la conversación, al silencio, a la curiosidad. Es una subversión de la vida cotidiana y también es el estar en una interioridad, que es un abismo para muchos contemporáneos, que sólo están en la superficie de sí mismos y hacen de ello su profundidad. Caminar es una experiencia plena que deja al hombre la iniciativa. Se camina de manera gratuita para disfrutar del tiempo que pasa, para desviarse de la existencia, para encontrarse al final del camino. El caminante es el hombre de la ocasión, el artista del tiempo que pasa. Es el hombre que detrás de las circunstancias va encontrando cosas cuando camina. El caminante amplía su mirada para descubrir una nueva topografía; reescribe una nueva biografía, un nuevo espacio vital. El caminante está en un tiempo a ralentí. El reloj es cósmico, es el de la naturaleza de los lugares, y no el de la cultura con la segmentación de la duración. Caminar es un estado de espiritismo militante delante del mundo, un sentir la relatividad de las cosas. Caminar desnudo, invita a pensar el mundo en el momento y recuerda al hombre su humildad y la belleza de su condición. Antes el peregrinaje, en determinados momentos, era liberarse de las culpas con una certeza de no morir en estado de pecado mortal. Hoy la búsqueda es tranquilizarse uno en un momento de serenidad. Un examen de conciencia en una perspectiva totalmente profana. Incluso el paraíso prometido es muy terrestre. El caminante va más allá de la ignorancia de la memoria. El camino es justamente una memoria de los innombrables caminadores. Establece una forma de solidaridad de los hombres vinculada al paisaje. El camino vincula las diferentes generaciones. El camino es una forma de comunicación, no solamente en el espacio, sino también en el tiempo. El camino de los innumerables pasos, que es una marca de humanidad. Caminar no es un monoteísmo, es el politeísmo o la pluralidad de los genios del lugar. En cada espacio, en el valle, en el río todo está bajo el imperio de un genius loci. Los lugares nunca son neutros, y todavía menos, vacíos. El caminante es el peregrino de una espiritualidad personal. Ofrece una forma deambulatoria de plegaria al genio del lugar. La búsqueda del silencio para los caminantes es una búsqueda sutil de un universo tranquilo, que implica el recogimiento personal. Un momento de suspensión del tiempo donde se abre un paso que da al hombre la posibilidad de encontrar su lugar. El silencio da el sentimiento de existir. El silencio invita a la curiosidad, a vagar y permite la formación personal. Aquel que camina siempre es un hombre y en cada uno de sus pasos se acepta a sí mismo y restaura el mundo, restaurando sus límites. El caminar es una práctica histórica, porque implica la preocupación del ser humano de comprender. Reencontrarse con el cuerpo nunca ha estado lejos, de hecho no está más lejos que el paisaje. La marcha hace posible la metamorfosis de la mirada, de uno mismo. Al caminar la mente funciona en un registro diferente buscando una dirección, una orientación. Es un momento privilegiado para ejercer el pensamiento y olvidarse de uno mismo en el propio acto de caminar. El hombre vuelve a encontrar su estado de criatura en un universo infinito. La salvación empieza por los pies, como raíces por las que absorber el calor del camino que pisamos, como resistencia, como ritual que permite la renovación, porque el mundo no se agota con la repetición constante. Aunque al caminante a menudo le sea indiferente el destino, el camino es un pretexto para hacer un viaje interior. Un caminante nunca llega: siempre está pasando. |